¿La formación universitaria en diseño de indumentaria y textiles socializa al estudiante dentro de las lógicas, valores, temporalidades y prácticas de un sistema de moda cuya reproducción depende de distintas formas de violencia estructural y que, en determinados contextos, puede producir condiciones compatibles con la idea de “asesinato social”?
Una breve introducción
La moda contemporánea puede entenderse como un sistema de formas interconectadas de violencia cuando esta se extiende más allá del daño físico directo. Galtung (1969) define la violencia estructural como el daño producido por estructuras sociales que generan desigualdad en las oportunidades de vida, mientras que Nixon (2011) describe la violencia lenta como la destrucción ambiental gradual y acumulativa. Desde esta perspectiva, la moda distribuye el daño en dimensiones espirituales, psicológicas, físicas, epistémicas, culturales, ecológicas y políticas.
La violencia espiritual y psicológica surge cuando la vestimenta se convierte en una tecnología de identidad basada en el consumo y la comparación. En la sociedad de consumo, el cuerpo se convierte tanto en proyecto como en mercancía, generando ansiedad, presión por la novedad y vergüenza vinculada a estándares estéticos inalcanzables. La violencia física se manifiesta a través de accidentes laborales, enfermedades profesionales y la exposición a sustancias tóxicas. La violencia epistémica se produce cuando la moda industrial legitima el diseño occidental como el único conocimiento válido, subordinando los sistemas indígenas y populares (Mignolo, 2009), mientras que la violencia ecológica refleja el carácter lineal y dependiente de los combustibles fósiles del sistema textil, en consonancia con la noción de violencia lenta de Nixon (2011).
Estas dimensiones convergen en la violencia estructural, donde el daño está arraigado en el propio sistema (Galtung, 1969). Como sostiene Niessen (2020), los enfoques convencionales de sostenibilidad a menudo no logran cuestionar el carácter sacrificial de la moda industrial, mientras que la violencia política opera a través del ecoblanqueo y la normalización de la idea de que no existe alternativa.
Moda y asesinato social
Engels (1845) argumenta que una sociedad comete «asesinato social» cuando su organización económica reduce sistemáticamente la salud, la dignidad y la esperanza de vida de ciertos grupos. La moda industrial puede entenderse, por tanto, como una expresión contemporánea de un daño ambiental estructural (Galtung, 1969), global, desechable y lento (Nixon, 2011), cuyo funcionamiento depende de la producción normalizada de daños.
Mi auto interrogatorio
Basado en la introducción, me pregunté “¿las carreras enseñan a ejercer violencia?” obviamente que no. Pero, entonces, reformulé la pregunta:
“¿La formación universitaria en diseño de indumentaria y textiles socializa al estudiante dentro de las lógicas, valores, temporalidades y prácticas de un sistema de moda cuya reproducción depende de distintas formas de violencia estructural y que, en determinados contextos, puede producir condiciones compatibles con la idea de “asesinato social”?”
Desde esta formulación, mi respuesta sería sí, en muchos casos existe ese riesgo, y posiblemente sea estructural.
El punto central es distinguir entre intención pedagógica y efecto sistémico de la formación. Una carrera puede enseñar creatividad, moldería, tecnología textil, historia, marketing, producción, tendencias o desarrollo de colecciones sin defender jamás la explotación laboral. Sin embargo, si todo ese aprendizaje se organiza alrededor de producir más, lanzar colecciones continuamente, responder con rapidez al mercado, seguir tendencias, generar novedad, aumentar competitividad y transformar permanentemente materias y trabajo humano en mercancías, el estudiante aprende a operar dentro de las reglas del sistema de moda existente.
Ahí aparece la violencia no como contenido explícito sino como currículum implícito.
Ese mecanismo es particularmente importante porque transforma determinadas violencias en algo aparentemente neutral. La explotación puede reaparecer como “costos laborales”; el agotamiento de trabajadores como “productividad”; la presión temporal como “plazo de entrega”; la sobreproducción como “escala”; el extractivismo como “abastecimiento”; los residuos exportados como “fin de vida”; y la apropiación cultural como “inspiración”.
Aquí la noción de violencia estructural de Johan Galtung resulta muy potente: puede existir violencia aunque no haya un perpetrador individual inmediatamente identificable, cuando una estructura social genera sistemáticamente desigualdad, privación o daño. Y la noción engelsiana de asesinato social permite llevar la pregunta todavía más lejos: cuando una organización económica y social coloca previsiblemente a determinados grupos en situaciones que acortan sus vidas, deterioran su salud o los exponen a muerte evitable, ya no estamos hablando solamente de “impactos negativos”.
La universidad no mata. El diseñador individual tampoco puede ser considerado automáticamente responsable de las muertes producidas por el sistema. Pero la formación universitaria puede contribuir a reproducir la arquitectura profesional que hace posible ese sistema, particularmente cuando enseña a intervenir eficientemente en él sin proporcionar herramientas para cuestionar sus condiciones estructurales.
Y aquí aparece, una dimensión todavía más profunda: la producción de ignorancia. No solamente importa qué enseña una carrera. Importa enormemente qué deja de enseñar.
Si durante cuatro o cinco años un estudiante aprende sobre prendas pero nunca estudia los talleres clandestinos; aprende textiles pero no colonialidad del algodón; aprende producción pero no enfermedades profesionales; aprende comercio internacional pero no cadenas globales de explotación; aprende tendencias pero no violencia estética; aprende desarrollo de marza pero no fabricación del deseo; aprende sustentabilidad exclusivamente como selección de materiales y circularidad pero no como relaciones de poder, entonces la omisión misma tiene consecuencias pedagógicas.
El egresado puede terminar pensando que la moda es fundamentalmente un problema de diseño al que deben agregarse soluciones sostenibles, cuando la cuestión puede ser exactamente la inversa: determinadas formas contemporáneas de hacer moda constituyen el problema que debe ser cuestionado.
Fuente: Miguel Angel Gardetti para Indumentaria Online
Referencias
- Engels, F. (2009). The condition of the working class in England (D. McLellan, Ed.). Oxford University Press. (original publication in 1845)
- Galtung, J. (1969). Violence, peace, and peace research. Journal of Peace Research, 6(3), 167–191. https://lnkd.in/dsGuUB7r
- Mignolo, W. D. (2009). Epistemic disobedience, independent thought, and decolonial freedom. Theory, Culture & Society, 26(7–8), 159–181. https://lnkd.in/dHQRaJY6
- Niessen, S. (2020). Fashion, its Sacrifice Zone, and Sustainability. Fashion Theory, 24:6, 859-877, https://lnkd.in/dHDaVzZF
- Nixon, R. (2011). Slow violence and the environmentalism of the poor. Harvard University Press.


