Las colecciones de invierno ya están listas y marcan el rumbo de las tendencias de la temporada. Una paleta que se venía insinuando y que ahora toma protagonismo en la que reinan los óxidos, los zapallos y terracotas, sobre la base del marrón que se define como el nuevo negro. Se asocian a esta composición el naranja oscuro y el mostaza. Las limitaciones desaparecen y, entonces, la distinción entre el día y la noche se borra: las tipologías se intercambian, un body de pailettes se usa con un pantalón de jogging y una campera puffer se lleva de noche sobre un vestido.

El vinilo, el cuero ecológico, sedas, gabardina, el paño y las pieles sintéticas son las texturas destacadas. Entre las novedades se introduce el siré, un material que vuelve de los 80, una tela impermeable finita que domina en prendas urbanas de inspiración deportiva como parkas, abrigos tipo kimono, pantalones con puño en los tobillos, babuchas y camperas deportivas de cuellos destacados.

El denim viene más lavado, en todos claros y en total looks sigue más vigente que nunca. Los tejidos de red son otro must del próximo invierno, en macro puntos, bien destacados que se llevan en sweaters holgados o tapados.

La moda cada vez toma más recursos del estilo deportivo y las cinturas elastizadas se ven por todas partes, ya sea en pantalones o faldas. Los tajos en ruedos de pantalones, mangas o vestidos definen morfologías amplias y descontracturadas al igual que los ruedos irregulares.

En cuanto a accesorios, la cartera se achica hasta llegar a su versión mínima y se lleva cruzada con cinta ancha, también sigue la riñonera a la cintura o cruzada. La bota bucanera holgada es la dueña de nuestros pies mientras que las zapatillas renuevan vigencia, pero en versiones más altas, con plataforma y mezcla de cueros de color.

Fuente: La Nación

 

 

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