En 1810 la ropa en Buenos Aires marcaba clase y posición política. Las damas de la alta sociedad usaban faldas largas, corpiños ajustados y mantillas de seda, en tonos blanco, crema y celeste pálido. Los hombres vestían casacas, chalecos y sombrero de tres picos, con colores oscuros como el azul y el negro.
El celeste y blanco ya circulaba como símbolo borbónico y, tras la Revolución, pasó a ser el distintivo patrio. La escarapela se distribuyó masivamente en mayo para identificar a los patriotas, impulsada por Belgrano.
Las telas eran importadas de Europa porque la industria local era incipiente. La moda gauchesca con poncho y chiripá recién se popularizó después, con las guerras de independencia. En mayo de 1810, Buenos Aires miraba a París y Londres para vestirse.
Fuente: Indumentaria Online


