Priscilla Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer, analizó el complejo escenario que atraviesa la cadena textil argentina y advirtió sobre el impacto de la caída del consumo, el avance de las importaciones y las diferencias de costos frente a los productos asiáticos.
La industria textil argentina atraviesa una etapa de fuerte presión. La caída del consumo interno, el aumento de las importaciones y las dificultades para sostener los costos de producción conforman un escenario que golpea a empresas, talleres y trabajadores de toda la cadena de valor.
Así lo planteó Priscilla Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer, durante una entrevista radial en la que analizó la situación del sector y las dificultades que enfrenta la producción nacional frente a la apertura comercial.
Uno de los principales puntos señalados por Makari es la pérdida de mercado que está experimentando la producción local. Según explicó, el problema no pasa únicamente por el ingreso de productos importados, sino también por la fuerte contracción del consumo. Cuando las familias reducen sus compras, el impacto se traslada a toda la cadena: se vende menos, se produce menos y disminuye la actividad de fábricas, talleres y proveedores.
Actualmente, siete de cada diez máquinas del sector textil se encuentran paradas, de acuerdo con los datos mencionados por la ejecutiva. A esto se suma una creciente incertidumbre entre las empresas, muchas de las cuales reducen su escala de producción o recurren al stock para afrontar sus costos fijos.

El desafío de competir con Asia
Para Makari, uno de los principales desequilibrios se encuentra en las condiciones de competencia. La industria argentina debe afrontar costos laborales, impositivos y ambientales que no necesariamente están presentes de la misma manera en determinados países asiáticos.
La apertura de las importaciones, junto con la reducción de controles y aranceles, incrementó la presencia de productos provenientes del exterior. En 2025, las importaciones textiles crecieron con fuerza y China ganó participación dentro del mercado argentino.
La economista sostiene que no se puede comparar directamente una prenda fabricada en Argentina con otra producida en mercados donde las condiciones laborales, ambientales y regulatorias son diferentes. El planteo de Pro Tejer apunta a la necesidad de competir bajo reglas similares y con controles que garanticen condiciones de producción y calidad.
En ese sentido, también puso el foco sobre el crecimiento de las plataformas de origen asiático y el modelo de ultra fast fashion, que permite comercializar prendas a precios muy bajos y con una velocidad de producción difícil de igualar para las empresas nacionales.
Una cadena que va mucho más allá de la indumentaria
Makari también remarca que la industria textil argentina cuenta con una cadena de valor integrada, que comienza en las materias primas y atraviesa hilanderías, tejedurías, tintorerías, talleres y confección hasta llegar al producto terminado.
Por eso, la contracción de un eslabón repercute sobre los demás. La menor demanda de prendas termina afectando también a quienes producen telas, hilos, avíos y otros insumos.
La Fundación Pro Tejer considera estratégico preservar esa estructura productiva por su capacidad de generar empleo en distintas regiones del país. La entidad señala que su misión es integrar y fortalecer la cadena de valor agroindustrial textil y de confecciones argentina.
El interrogante que atraviesa el análisis de Makari es si la Argentina puede sostener una industria textil propia en un escenario de apertura comercial.
La respuesta del sector es que sí existe capacidad productiva y conocimiento para hacerlo, pero que resulta necesario generar condiciones de competencia más equilibradas. La discusión, entonces, no se limita al precio de una prenda: involucra empleo, producción, consumo, inversión y la continuidad de una cadena industrial que abarca a miles de empresas y trabajadores.
En un contexto donde las importaciones ganan espacio y el consumo continúa debilitado, el desafío para la industria textil argentina es encontrar un punto de equilibrio que permita mantener la producción nacional sin quedar fuera del mercado por una estructura de costos que dificulta competir con los productos importados.
La situación planteada por Makari vuelve a instalar una pregunta central para el futuro del sector: ¿qué modelo de industria textil quiere tener la Argentina y bajo qué condiciones está dispuesta a competir?
Fuente: Indumentaria Online


